miércoles, 29 de diciembre de 2010

Los anteojos para los niños




A menudo la gente se pregunta cuáles son los motivos por los que un niño debe usar anteojos. Algunos son evidentes y otros no tan conocidos, ya que difieren de los de una persona adulta.
Como el sentido de la visión se está desarrollando en el niño, especialmente durante los primeros 6 años de edad, los anteojos juegan un papel importante en asegurar que este proceso finalice produciendo una visión normal.

Los anteojos brindan una mejor visión, de manera que el niño pueda crecer e interactuar adecuadamente con el ambiente que lo rodea. En segundo término, pueden ayudar a mantener alineados a los ojos que no lo están, enfermedad que se llama estrabismo. También ayudan a fortalecer o desarrollar a un ojo con baja visión, llamado popularmente “ojo perezoso” o, científicamente, “ojo amblíope”. Esto puede ocurrir como consecuencia de existir una necesidad de diferente aumento en cada ojo, llamada anisometropía. Por ejemplo, un ojo puede no necesitar aumento, mientras que el otro puede padecer de un astigmatismo importante o hipermetropía.

Los anteojos pueden tener el propósito de proteger a al mejor ojo, a manera de seguro o anitparra, si el otro ojo tiene una visión deficiente que no se puede corregir.
Mediante un examen completo del niño, que incluye un examen del fondo de ojo con las pupilas dilatadas y el uso de un instrumento como el retinoscopio y/o refractómetro, el oculista determinará la graduación del ojo, y decidirá –conjuntamente con otros datos clínicos- si el niño debe usar anteojos.

Existen cuatro errores refractivos por los que se pueden recetar anteojos a un niño.

En la miopía (niño corto de vista), no se ve de lejos pero sí de cerca.

En la hipermetropía, que es común en la mayor parte de los niños pequeños, no pueden ver bien ni de lejos ni de cerca. Pero la realidad es que en gran parte de los casos, sobre todo en los que el aumento es de alrededor de una dioptría, los músculos de enfoque propios del ojo la compensan bien y se puede prescindir del uso de anteojos. Sin embargo, en casos en que el esfuerzo de enfoque produce una desviación refleja de los ojos (estrabismo), visión borrosa o cansancio, en estos casos se recetan los anteojos.

El astigmatismo, para explicarlo en términos sencillos, denota un ojo cuya superficie anterior no es igual de curva en todos los ejes. La córnea normal se asemeja a una pelota de fútbol, mientras que en el astigmatismo la córnea es comparable a una pelota de rugby. Esto puede conllevar una visión borrosa, que requiere que el niño use anteojos.

Por último, si hay una marcada diferencia de error refractivo (aumento) entre los dos ojos, el ojo con mayor error puede volverse “perezoso” y no desarrrollar buena visión. El uso de los anteojos, y quizá el tapar el ojo con mejor visión por períodos variables según la estricta indicación del oculista, son vitales para el manejo de este cuadro clínico.

Una de las primeras dudas que se plantean los padres es la referente a la aceptación de los anteojos por parte del niño. La realidad es que los niños que necesitan anteojos para ver mejor, los usarán espontáneamente porque se dan cuenta del beneficio que les proporcionan. Es cierto que otros manifestarán descontento o rechazo, siendo en estos casos muy importante la actitud que reflejan los padres. Dicha actitud debe ser positiva y estimulante; es conveniente que el óptico esté familiarizado y entrenado con el manejo del niño, la correcta elección del armazón y confección técnica adecuada del anteojo, de modo que el niño se sienta cómodo y a gusto con esta ayuda óptica. Es frecuente que el anteojo tenga patillas flexibleas para evitar que los anteojos sean confortables y no se caigan. Dada la intensa actividad desarrollada por los niños, los cristales de un plástico llamado policarbonato, son seguros dada su resistencia a las roturas.

En ciertos casos, los niños, como los adultos, pueden necesitar anteojos bifocales. Tal es la situación en ciertos casos de estrabismo o en niños operados de catarata.

Finalmente, es una creencia errónea la de pensar que el uso del anteojo hace que el niño sea cada vez más dependiente o “esclavo” de él.


Dr. Alejandro Daniel Cisneros.

Especialista Jerarquizado en Oftalmología

5 comentarios:

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