jueves, 1 de julio de 2010

EL ENTRENAMIENTO EN ORIENTACIÓN Y MOVILIDAD DE LAS PERSONAS CON BAJA VISIÓN





Por Fabiana Mon (*)
fabianamon@telpin.com.ar



Los objetivos generales de un entrenamiento en orientación y movilidad para una persona con discapacidad visual son los mismos, independientemente de que se trate de una persona ciega o con baja visión. Para ambos casos el programa tenderá a que la persona (niño o adulto)

 Se movilice en forma segura e independiente utilizando las técnicas adecuadas.
 Se oriente correctamente.
 Obtenga confianza en sí mismo y en sus posibilidades.
 Ejercite al máximo sus sentidos e interprete adecuadamente la información que los mismos le proveen.

En el caso de una persona ciega, el plan de trabajo es claro y se basará centralmente en el aprendizaje de la técnica de uso de bastón largo (técnica de Hoover) y en el uso de sus otros sentidos (tacto y oído principalmente). En el caso de personas con baja visión el panorama es mucho más matizado. No existe una técnica específica, como la de Hoover, aplicable a todos los casos. Al entrenamiento en el uso de la información táctil y auditiva (al que los profesionales del área estamos habituados) se suma el del uso eficaz del “resto visual” y esto es lo que particulariza cada entrenamiento. Existen tantos “modos de ver” como personas hay y un buen entrenador debe ejercitarse en la evaluación y mejora de la funcionalidad visual.

Antes de comenzar se deberán relevar los datos objetivos disponibles. ¿Tiene la persona una disminución de agudeza, un recorte en el campo o una combinación de ambas características?, ¿ en uno o en ambos ojos?. Esto nos dará una idea aproximada de cómo ve el sujeto aunque habrá que tener en cuenta que dos personas con igual agudeza o disminución de campo en términos numéricos, pueden tener distinta eficiencia, dependiendo ésta de muchas variables en las que tienen gran importancia las psicológicas y las sociales. ¿Es su pronóstico visual favorable o desfavorable?. Este dato nos proporcionará lineamientos generales a seguir durante el programa: si es desfavorable deberá hacerse hincapié en el entrenamiento del oído y del tacto sin que nunca vaya en desmedro de la utilización de la visión.

En caso de no contarse con un especialista en baja visión dentro del equipo son especialmente importantes los datos que puedan aportar otros profesionales (sean o no del área) como profesores de talleres, de educación física, terapistas ocupacionales. Ellos podrán responder a algunos interrogantes del tipo ¿utiliza la visión para ejecutar tareas manuales o privilegia otros sentidos?, ¿manifiesta temor al realizar ejercicios que impliquen marcha, carrera o salto?, ¿da señales que indiquen fotofobia como entrecerrar los ojos para mirar o colocarse las manos a modo de visera?

La primera parte del programa consistirá en la evaluación de la movilidad del sujeto en interiores y exteriores conocidos y desconocidos. Siempre es conveniente empezar por lugares en los que el sujeto se sienta cómodo (por ejemplo, su casa) para evitar experiencias negativas que podrían hacer fracasar todo el entrenamiento. Luego, en forma gradual, se pasará a interiores y exteriores desconocidos. Es muy importante establecer un lazo de confianza entre el sujeto a entrenar y el entrenador. Es indispensable aprovechar los primeros encuentros no sólo para evaluar sino para lograr que la persona se sienta contenida, comprendida en su situación y fundamentalmente cuidada. Es necesario explicitar que no se la expondrá a ninguna situación de riesgo, que el entrenador es una persona experimentada y entrenada para tal fin y que sólo permitirá el desplazamiento autónomo del sujeto cuando éste se encuentre lo suficientemente entrenado para hacerlo con total seguridad.

En estos primeros desplazamientos se observará:

• Tipo de marcha: segura o vacilante. Puede servir la observación de la longitud de los pasos (cortos, normales o largos) y la velocidad del andar (lenta, normal o rápida).

• Localización de los objetos: identificación, capacidad de eludirlos.

• Percepción de obstáculos: a nivel del suelo, a la altura del cuerpo, de la cabeza.

• Reacción ante las diversas situaciones de luminosidad (mayor o menor eficiencia de día o de noche, con luz natural o artificial; adaptación a los cambios bruscos en la iluminación).

• Utilización de los sentidos. Sentidos privilegiados, anulados, subutilizados.

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